Una de las principales características de una persona ansiosa es pensar de manera negativa, debido a que se teme quedar en una situación de extrema vulnerabilidad.
El ser humano tiene cierta predisposición a pensar de manera negativa, debido al instinto de supervivencia, que nos protege ante una posible amenaza. Esto sería adaptativo, sin embargo, cuando los pensamientos negativos se producen sin peligro aparente y son estables en el tiempo, se comienza a generar un problema mayor.
Características de los pensamientos negativos (no adaptativos):
- Producen una distorsión de las situaciones, no tomando en cuenta el dato objetivo de la probabilidad de que algo ocurra, sino el dato subjetivo de la reiteración del peligro en la propia mente.
- Son contraproducentes: pensar así sólo empeora el problema.
- Se repiten de manera constante, quedando fijados en nuestro inconsciente, generando la sensación de que es altamente probable que ocurra aquella situación a pesar de ser evidentemente un autoengaño.
- Accedente a la conciencia de manera involuntaria
- Generan conductas orientadas a reducir la ansiedad, lo que paradójicamente, mantiene el problema.
- Se basan en creencias irracionales:
-Ideas establecidas sobre cómo se «debería» actuar. Ej. «Siempre debo tener el control”.
-Generalización exagerada: Prestar atención a palabras como «nunca» y «siempre». Ej. «Nunca me sentiré normal”.
-«Todo o nada»: Ej. «Si no obtengo una evaluación perfecta, perderé mi trabajo».
-Catastróficas: Suponer que sucederá lo peor. Ej. “Me siento mal, tiene que ser un tumor.
-Concentrarse en lo negativo: Filtrar lo bueno y centrarse en lo malo.
El hecho de que una persona esté predispuesta a desarrollar pensamientos negativos recurrentes y obstinados va a depender de:
- Factores hereditarios
- Factores ambientales: Ej. Una infancia difícil, en dónde se aprendió que los peligros son pan de cada día. Esto hizo que construyeran un mecanismo de pensamiento exageradamente defensivo.